Polarizaciones I. ¿Cliente o arquitecto? Cuestión de confianza.

Este va a ser el primero de una serie de artículos que plantearemos desde nuestra visión y postura particular respecto a nuestra profesión.

En ellos vamos a tratar de localizar nuestro lugar más o menos preciso en el entorno siempre oscuro de las posturas profesionales. Para ello vamos a platear preguntas y vamos a enfrentarnos a respuestas de forma polarizada, en blanco o negro, para luego que cada uno, incluso nosotros mismos, escoja su matiz de gris… o de color.

Todo esto, a parte de por las reflexiones propias siempre necesarias dentro de nuestra estructura de trabajo, vienen catalizados por una serie de interesantes reflexiones planteadas por Stepien y Barno y por n+1. Hemos contestado a algunos de sus artículos, pero nos hemos quedado con ganas de desarrollar el tema un poco más y así contribuir a nuestro permanente afán de hacer arquitextonica lo más transparente posible al exterior.

¿Cliente o arquitecto?

La pregunta se debería completar con ¿quién lleva la razón?, refiriéndonos a que es indiscutible la necesidad de plantear un equilibrio entre las dos partes de esta dicotomía.
Todos hemos escuchado alguna vez que mucho antes en el tiempo, el arquitecto era una figura casi reverenciada. Eso ya no sucede. Somos agentes productivos dentro de una cadena tan larga que nuestra misión queda muchas veces relegada a un papel casi administrativo.

En la escuela escuchamos muchas veces la pregunta

“¿Entonces siempre hay que hacer lo que quiere el cliente?¿Si te aprietan tendrás que bajarte los pantalones?”

Nuestra respuesta a esas preguntas es no y nunca, y que conste que bajada de pantalones hemos tenido, pero una y no más…. Asi la postura que en esta disyuntiva tomamos en arquitextonica es más operativa que ética o de principios.

Consideramos que el cliente es ante todo la fuente de nuestro trabajo y por tanto hay que respetarlo. Pero, por suerte o por desgracia, viene a nosotros porque generalmente no sabe lo que quiere, o porque somos necesarios de alguna forma técnica o administrativa.

El primer paso lo damos cuando le pedimos a los clientes que escriban la carta a los reyes magos… pedimos a nuestros clientes una lista de deseos y anhelos que quieren tener respecto a ese espacio sobre el que estamos trabajando.

Esta fórmula surgió cuando en una reunión muy inicial con uno de nuestros primeros clientes, un empresario tremendamente activo al que queremos y admiramos mucho comenzó a indicarnos donde íbamos a colocar tabiques nuevos, que partes de las oficinas se iban a demoler, como se iban a disponer las mesas… Nosotros lo paramos y le preguntamos si cuando algún cliente llegaba a verlo, le indicaba a él como iban a colocarse las máquinas de su instalación y los accesorios necesarios. Contestó muy rápido que no, que por supuesto eso lo decía él. le pedimos a continuación que nos contara “qué quería que ocurriera en su empresa, y que dejara en nuestras manos como conseguirlo”. Esa reunión sentó las bases de una de nuestras formas de operación y nuestra posición en el difícil equilibrio arquitecto-cliente.

Demandamos a nuestros clientes un conocimiento de los acontecimientos que quieren para su espacio, qué quieren que ocurra y cómo les gustaría que esos acontecimientos se desarrollaran. Después de evidenciar que tenemos controlados todos esos deseos, generamos en ellos la confianza suficiente en nuestra capacidad técnica, de forma que en las reuniones nunca se habla de la arquitectura que hemos proyectado, si no de lo que pasa o puede llegar a pasar en ella.

Creemos que la generación y cultivo de la confianza es la base sobre la que se construye una relación cliente-arquitecto sólida y productiva.

Únete a la conversación

13 comentarios

  1. parece que este va a ser el tema de la semana. Si la semana pasada hablamos del tema de la identidad en la construcción de la ciudad en La Ciudad Viva. Esta, Juan Gavilenes escribe en nuestro blog un articulo “¿es necesario establecer un reencuentro con la arquitectura? que viene bastante al hilo del que planteas. En cualquier caso creemos que esta reflexion es tan interesante como necesaria

  2. Estaremos pendientes. Puede que la reformulación de la profesión solo implique que nos tomemos este tiempo muerto para reflexionar que ha estado pasando en el partido y por qué el marcador está asi de mal…

  3. Es un tema complicado…o vamos de estrellas e imponemos nuestro criterio y nos ganamos nuestra fama, o somos pusilánimes y nos dejamos torear, con lo que seguimos ganándonos la misma fama, curiosamente: sólo hacemos cuatro rayas y ganamos una pasta por ello.
    Todos llevamos un político, un seleccionador de fútbol y un arquitecto dentro. Y un meteorólogo, y un juez, y un médico, un cocinero…
    Aparte de los problemas intrínsecos a nuestra profesión, no olvidemos también que existe una crisis generacional de valores en la que se ha perdido el respeto al conocimiento. No se valora a nadie por cuánto sepa, por lo bien que realice su trabajo. Se tiende a pensar sin embargo que si alguien ha triunfado, será porque conoce a alguien…y esto deriva en que ponemos en duda el veredicto de un juez, el diagnóstico del médico, lo que sea, cuando no nos guste.

  4. En este diagrama (http://www.periferias.net/2009/08/blog-post.html)los Eames explicaban con claridad cómo entendían los procesos de negociación y producción del proyecto. El “área de movimiento” donde trabajaban era la intersección de varias áreas que representaban los intereses y las inquietudes del equipo de diseño, los intereses del cliente, y los intereses del conjunto de la sociedad.

    Curiosamente (y esto puede abrir otra línea de debate) ellos hacían una distinción expresa entre los intereses del equipo de diseño y los del conjunto de la sociedad, aunque creo que no está tan claro que deba existir esa distinción…

  5. Lo primero de todo, felicidades por la entrada, y gracias por enlazarnos!
    Que bien que andemos dándole vueltas a las mismas cosas, y por lo que parece desde perspectivas similares.

    Respecto al artículo, solo decir que estamos totalmente de acuerdo en el fondo del mismo, aunque creemos que nos pasa, que a las mismas cosas, a veces les llamamos de diferente forma.

    Respecto a lo que comenta Daniel, solo comentar que nosotros entendemos que la gente no ve de igual manera a los médicos que los arquitectos. A los médicos, la gente les tiene más distancia. Una vez que está claro que estás mal, en general la gente se fía bastante y hay cierta confianza. Si el médico es bueno, le corresponderá al paciente, con dedicación y respeto.

    Como bien se remarca en el artículo la confianza es la base de todo, y en la arquitectura no podía ser diferente!

  6. No creo que los problemas de nuestra profesión pasen por solventar esta dicotomía. Posiblemente ni cliente ni arquitecto…, profesionalidad.
    Cada cliente es un mundo, está el que tiene muy claro lo que quiere y para el que tú eres poco más que un mal necesario, hasta el que se echa en tus brazos sin saber que acabará llorando su atrevimiento. Personalmente tiendo a establecer cierta empatía con el cliente, normalmente él tiene una imagen, un concepto, mejor o peor definido, al que procuro dar la salida más digna posible, aconsejándole en aquello que no crea correcto, negándole aquello que sea imposible, pero intentando aproximarme a lo que interpreto que él quiere.
    Estoy algo harto del alto concepto que en general tenemos de nosotros mismos y de nuestra capacidad artística y creativa, cuando el 97% de lo que te encuentras por la calle es mediocridad, y cuando algo no es mediocre, hace aguas (literalmente) por mil sitios.
    Salimos de la escuela pensando en que vamos a ser Messi, pero aprendemos a bofetadas a primera división sólo llegan los elegidos, casi nunca los mejores, y la mayoría de los que militamos en las categorías inferiores renunciamos enseguida siquiera a un fútbol digno, y nos dedicamos a dar patadas para ganar el partido, para sobrevivir. Sin embargo seguimos hablando de lo divino de nuestra profesión, mirando al resto de “agentes intervinientes” por encima del hombro.
    Eso sí, dominar la técnica eso es para la plebe. Nosotros planteamos “La Idea”, el trabajo sucio que se lo apañen los demás. Y de mancharse los zapatos en la obra no hablemos…
    Desde las prácticas en la escuela hace once años ya empecé a alejarme de la profesión, tal y como parece que la entienden muchos compañeros (incoherentes con su trabajo por otra parte). Y aunque me encanta el trabajo que hago y del que de momento aún puedo disfrutar (cruzo todos los dedos), no hay día en que no piense que debería haber escogido cualquier otra profesión.

  7. Yo no tengo ninguna receta frente a esta relación cliente arquitecto, lo que si es cierto es que se debe escuchar y mucho. La primera casa que diseñamos para un familiar la hicimos con múltiples paquetas, 3ds, etc, para captar la idea de la casa y controlarla, cuando estuvimos satisfechos entregamos el proyecto y los clientes empezaron a comentarnos sus pormenores domésticos, si el cuarto de limpieza, el tendedero, la cocina en isla o no, etc… Creo que la base de una buena arq está en un dialogo fluído y a dos bandas, ya que lo bonito del trato con el cliente es el descubrimiento mutuo desde posiciones tan diversas. ( almenos eso es lo que nos ha pasado a nosotros )

    un saludo!

  8. Dani: El reencuentro que hay que establecer no es con la arquitectura, si no de la arquitectura con las personas a las que sirve.

    Daniel: Creo que las entre esos dos polos que planteas, con los que estamos de acuerdo, hay infinidad de matices… Y sobre el segundo tema, “El Artesano” de Richard Sennet al que llegué desde una recomendación de freakARQ, establece esas situación de la contemporaneidad en la que se aprecia más la adaptación a las convenciones sociales que el valor diferencial que implica la profesionalidad conseguida desde la práctica.

    Carlos: El diagrama es genial, como casi todo lo que producián esa fantástica pareja. Y sobre la coincidencia, creo que no siempre coinciden, pero que si lo hacen, es cuando se da un valor añadido a la obra y se trata de un ejercicio de plenta contemporaneidad.

    SyB: Que va, que va… cuando usamos palabras distintas nos referimos a conceptos distintos, ¡seguro! Que la sinonimia es un invento del demonio para confundir a los hombres… ¿Y por qué no nos tratan a los arquitectos como a los médicos?

    Lelio: Lamentablemente y como alguien me dijo un día, “la voluntariedad no es garantía de calidad” O lo que es lo mismo. Podemos ser unos profesionales fantásticos, cumplidores, tenaces, serviciales, rigurosos,… y hacer una arquitectura tremendamente mala, tanto por imposición de nuestras ideas si estas son equivocadas como por aceptación de las del cliente si estas son equivocadas. Creo que se trata en cualquier caso de equilibrio y de “awareness”, pero de eso hablaremos en otro artículo.

    Twobo: Totalmente de acuerdo, el proceso de descubrimiento en simbiosis con el cliente, y no de resolución de problemas de forma autista, es de las partes más atractivas de la profesión…

  9. ¿puede una vivienda adosada… con un zocalo de piedra en fachada y una bonita balaustrada coronando la terraza del dormitorio ser buena arquitectura?
    Creo que esa pregunta, tiene mucho que ver con la relación arquitecto-cliente… y sobre con la relación arquitecto-arquitectura.
    ¿Y si esa casa estuviese bien distribuida, se comportase bien energéticamente, tuviese mucha luz, fuese acogedora y versatil, …?
    Si la respuesta a la pregunta inicial fuese la que nos pide el cuerpo… además de estar perdiendo muchos encargos… ¿estaríamos desatendiendo las necesidades reales de un cliente/usuario de nuestra arquitectura?… No estamos todos de acuerdo en que “El reencuentro que hay que establecer no es con la arquitectura, si no de la arquitectura con las personas a las que sirve”…buff que dificil es todo esto…

  10. Hay cosas que si las polarizamos vemos que son incompatibles o inmiscibles… Una balaustrada-acogedora? Un zócalo de piedra-versátil? Son conceptos que sin entrar en filias ni fobias a mi me resultan algunas veces muy difícils de conjugar, aunque no imposibles.

    Hasta ahora, y no digo por suerte, no hemos tenido encargos cortijeros, pero si hemos llevado a cabo procesos de normalización del riesgo en favor de los clientes… pero eso para otro artículo que vendrá pronto.

  11. ¿Qué es “arquitectura buena”?. A eso me refiero cuando me parece que a veces confundimos los términos.

    Cuando hablo de profesionalidad me refiero a oficio en el sentido más denso de la palabra. Yo, al contrario que Miguel, sí opino que se puede hacer buena arquitectura siendo estrictamente buen profesional, al revés me parece imposible

    Siento ser tan prosaico. Para mi la arquitectura no es más “buena” si tiene una barandilla de vidrio, un muro cortina o una espacialidad determinada. Primero hay unos mínimos: constructivos, espaciales y dimensionales, funcionales, incluso de eficiencia energética (si es que sabemos entender de verdad el concepto) y luego viene lo demás, lo cual, me digan lo que me digan, es tan subjetivo como variadas las sensibilidades que hay en el mundo.

    La “buena arquitectura”, entendida al menos dentro de la línea oficial de las publicaciones, escuelas y jurados de concursos, es necesaria, a mi es la que me gustaría poder practicar siempre, es la que prefiero. Pero cualquiera que tenga los pies en el suelo, que tenga que trabajar en el mismo mundo en el que trabajo yo, sabe que es difícil de practicar, y lo que no puede ser es que cuando no puedes consagrarte con cada línea que dibujas, no sepas hacer tu trabajo. Y eso lo veo todos los días. Algunos lo verán como una cesión o como una rendición, lo entiendo aunque no lo comparto.

    Desde mi punto de vista, el problema de algunos compañeros es que la arquitectura no pasa de ser un render, una vista desde un punto concreto, da igual que sea cartón piedra, que al girar la esquina todo sean incoherencias, da igual que las cosas funcionen al revés o no funcionen, lo importante para ellos es que “su” imagen se vea clara.

    He podido trabajar en algún despacho en el que se elaboraba “arquitectura de balaustrada”, y en él se tenia un sentido del diseño, del espacio y de la proporción infinitamente mayor que en otro autodenominado vanguardista, donde cada decisión era más arbitraria que la anterior. Evidentemente ésta es sólo mi experiencia, y no significa nada, pero a mi me ha ayudado a depurar lo que entiendo es lo importante.

    El cliente y sus ideas son un factor más, en ocasiones un inconveniente o un lastre, pero nunca han sido determinantes en el resultado bueno a malo de mis proyectos.

  12. Hoy se cumplen tres años desde que abri estudio profesional. Lo que me sucedió con los primeros clientes es lo que se ha venido repitiendo sistemáticamente con cada cual y lo que resume mi batalla personal con la profesion.
    En la primera reunion con el primer cliente quedó clarísima su desconfianza hacia mí. Con el tiempo empezó a oir mis consejos, y al final mi criterio era el que prevalecía en la obra. Durante el proceso fueron fundamentales las siguientes cuatro características, que considero imprescindibles para realizar un trabajo digno: Formación (inluida la técnica), Capacidad (adoptar las soluciones adecuadas), Experiencia (delinear previamente en un estudio es una excelente oportunidad para aprender) y Vocación (mucho de esto suple la carencia del punto anterior). Con esto queda garantizada la buena arquitectura (que en otro momento habrá qeu debatir lo que entendemos por eso).
    Mi primer cliente recayó en mi por dos motivos: ser un conocido de un conocido y querer ahorrarse tres perras…
    Mi último cliente (encargo que me hicieron ayer) me dijo: “me han dicho que hay que dejarte trabajar”. Esto es mi logro, y no hiubiera sido posible sin la persistencia de muchos de mis clientes.
    Los proyectos están en el mismo encargo, no inventamos nada, sólo aclaramos las ideas de nuestros clientes, dignificamos cuanto podemos el lugar en que quieren vivir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *